Buenos días.

Pocos países han sufrido una transformación tan rápida como la que ha vivido Ecuador en los últimos años. Considerado un oasis de paz en medio de una región acostumbrada a la violencia, el país andino se ha adentrado en un hoyo negro que esta semana mostró su peor cara. La fuga de la cárcel del criminal más peligroso de Ecuador, alias Fito, descubierta el pasado domingo, dio paso a una oleada de atentados en varias ciudades del país que tocó techo este martes, cuando un grupo de delincuentes secuestró en directo a varios periodistas de un canal de televisión en la ciudad de Guayaquil.

La reacción del presidente Daniel Noboa a una violencia que se coló en todos los hogares a través de la tele fue declarar el estado de guerra y ordenar a las fuerzas armadas el combate frontal a 22 grupos delincuenciales que operan en el país. Tras el anuncio, los ecuatorianos se refugiaron en sus casas para ser testigos desde las redes sociales de los asaltos en cadena -reales algunos, inventados otros- en centros educativos, hospitales y carreteras.

El aumento de la delincuencia era una bomba de tiempo que venía dando avisos desde hace meses. Ecuador cerró el 2023 como el país más violento de la región, con 40 homicidios cada 100.000 habitantes. Las cárceles, que en los últimos años han sido escenario de masacres y motines constantes, hace tiempo que se convirtieron en los centros de operaciones de los distintos grupos criminales, enfrentados en una guerra por el control de los canales del narcotráfico.

El presidente Daniel Noboa, un joven y desconocido empresario que ganó las elecciones en octubre por sorpresa, prometió recuperar el control de las prisiones -algo que hasta ahora no ha conseguido ninguno de los últimos presidentes- con un plan que incluía construir cárceles de máxima seguridad, siguiendo el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, y llevar a las costas del país cárceles barcazas para mantener aislados en alta mar a los presos más peligrosos. Las promesas de campaña, sin embargo, se han visto superadas por la realidad. “Estamos en guerra”, dijo Noboa sin medias tintas este miércoles.

por Redacción

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