El 30 de Octubre de 1796 en el Ingenio de Boca de Nigua, administrado por el noble español Juan Bautista de Oyazabal y propiedad del Duque de Aranda, donde la dotación compuesta por 200 esclavos se dispuso a sellar una de las páginas más bellas del proceso de conformación de la identidad dominicana.

Motivados por los aires libertarios que se venían dando en Haití, los negros de Boca de Nigua tomaron por asalto a los esclavistas e iniciaron un movimiento de liberación en la parte española de la isla, lo que hoy es conocido como República Dominicana.

La consigna era construir un gobierno popular con diversidad étnica, naturaleza reivindicativa que sitúa esta acción redentora como la más importante del territorio por su connotación política, propuesta aún vigente para nuestros pueblos.

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Entre fuego y tambores estalló la revuelta de los esclavos.

Procedieron a destruir y quemar las plantaciones agrícolas y todos los símbolos que los encadenaran al régimen: cañaverales, casas y todas las propiedades del amo.

Ajusticiaron a los dos mayorales que se encontraban en el ingenio, uno ahogado dentro de una pipa de aguardiente y otro a latigazos en recompensa de los fuetes cotidianos que esgrimía sobre las espaldas de los negros trabajadores.

El orgullo del colonialista español no concibió el hecho de que “negros sin alma” fueran capaces de luchar por la liberación de su gente.

El proyecto revolucionario de Boca de Nigua tuvo que pagar un costo muy alto, pero dejó sentadas por siempre las bases para la defensa de los derechos humanos del negro en Santo Domingo.

El esclavista Oyazabal hizo intento de repeler la revuelta con ayuda de algunos blancos, pero le fue imposible detener la avalancha ante la correlación de fuerza y el poderío de los alzados que se adueñaron de una parte de las armas que estaban en poder de sus opresores.

Tuvo Oyazabal que ir a la ciudad y recurrir al gobernador de la isla, Joaquín García, para que dispusiera de ayuda militar. Con una fuerza militar repleta de armas sofisticadas, cañones, metrallas y hombres especializados salieron contra los rebeldes.

Luego de grandes batallas los esclavistas españoles lograron dispersar a los alzados hacia el bosque y otras zonas aledañas al ingenio.

Mas adelante, con el pago de recompensas, se realizó un operativo de apresamiento de los negros sublevados. La meta era la de capturar a toda la dotación insurrecta.

De ambos lados se registraron bajas. De los rebeldes, 7 fueron muertos y 69 hechos prisioneros, esta situación paralizó el triunfo de la emancipación de los negros.

Unos tantos blancos fueron muertos y heridos. Los rebeldes fueron sentenciados un mes más tarde. Cinco fueron juzgados por encabezar la rebelión, y según el tribunal se les condenó con “mucha equidad y compasión” a la horca.

Les cortaron las cabezas y descuartizaron sus cuerpos, ordenando que los fijaran en los cuatro puntos cardinales de la ciudad amurallada de Santo Domingo.

Otros cincuenta fueron sentenciados a recibir cien azotes en la picota pública, más el suplicio de presenciar las ejecuciones de sus compañeros para luego ir a servir de diez a quince años de presidio en el Ingenio de Boca de Nigua.

A los confinados se les impusieron grilletes en los pies y garabatos pegados al cuello. A cinco de los rebeldes se les sentenció al destierro para cumplir condenas en presidios de Panamá, La Habana, Cartagena y Veracruz.

Este fue el costo de la Rebelión Negra de Boca de Nigua, que, si bien no logró inmediatamente el objetivo propuesto, debilitó las bases de la esclavitud en la medida en que los insurrectos lograron expandir su ideal libertario por todos los ingenios azucareros de la época.

Cuatro años después Toussaint Louverture entró en Santo Domingo y abolió la esclavitud. Hoy, a 199 años de la rebelión, nuestra comunidad se apresta a seguir el desafío del rescate de la memoria histórica y cultural del legado de los negros africanos.

Hoy día, luchar por el rescate y la revalorización de nuestro legado es un deber para los afrodominicanos.

Este reconocimiento no trata de subestimar el rol jugado por otras culturas en el desenvolvimiento de nuestra historia pasada y reciente, sino de replantear el lugar que ocupan los aportes africanos en la pirámide social.

No se justifica que en las sociedades actuales no haya una voluntad política para revalorar este hermoso legado histórico; se debe en gran parte al proceso de colonización que nos impuso un estado de alienación cultural para alejarnos de nuestros orígenes, suplantando arbitrariamente nuestras genuinas expresiones.

La República Dominicana es un ejemplo ilustrador de manifestaciones discriminatorias cuando trata de obstruir las expresiones de origen africano al interior de la sociedad.

Con aviesas pretensiones, la clase dominante ha definido a “lo dominicano” como un pueblo culto, hispano y cristiano. Hechos como los de Boca de Nigua en Santo Domingo, Zumbi en Brasil, Boca- Caiman en Haití, entre otros, emulan la lucha de los negros en América para reivindicar su capital real y simbólico en estas sociedades.

Miembro de la coordinación de la conmemoración del Bicentenario de la Rebelión Negra de Boca de Nigua.

Por Redacción

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