Donald Trump lo bautizó como «Día de la Liberación», aunque en realidad se trató más bien de una jornada de revanchas, o el día del castigo.
El presidente de Estados Unidos declaró formalmente el comienzo de la guerra comercial que lleva sobrevolando la actualidad económica mundial desde que llegó a la Casa Blanca el pasado enero. Con un anuncio realizado en la Rosaleda de la Casa Blanca, en el exterior del Despacho Oval, el republicano impuso al mundo los aranceles más altos en un siglo.
El gravamen universal mínimo será del 10% a todas las importaciones y golpeará sobre todo a las regiones que tienen más déficit comercial con Washington, como la Unión Europea, que afrontará aranceles del 20%.
El magnate exhibió en su comparecencia un cartel con una comparativa de los impuestos que gravan a los productos estadounidenses y las nuevas tarifas. La Administración estadounidense aplicará a China, por ejemplo, un gravamen del 34%, que se suma al 20% impuesto por el tráfico de fentanilo.
Sus principales socios comerciales, en cambio, se quedaron fuera de esta lista. Como escribe Miguel Jiménez, delegado de EL PAÍS en Washington, «por ahora, Canadá y México siguen sujetos a la emergencia nacional relacionada con el fentanilo y la migración, de modo que no se les aplica el nuevo régimen». Con esta premisa, «se mantiene el 25% para las importaciones que no cumplen el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) y están exentas las que sí cumplen».
Trump también anunció aranceles del 46% para Vietnam, del 24% para Japón, del 32% para Taiwán, del 26% para la India y del 25% para Corea del Sur.
La lista incluye cerca de 200 países, entre los que se encuentran las islas deshabitadas de Heard y McDonald, un territorio del Índico próximo a la Antártida.
En América Latina el mínimo será un 10%, salvo Venezuela (15%) y Nicaragua (18%). Mientras todos sopesan los golpes, la economía mundial entra en una era de incertidumbre.